Pamplona es una ciudad verde, monumental y llena de historia que va mucho más allá de los afamados encierros de San Fermín. La capital navarra destaca por su muralla renacentista, sus calles empedradas y sus cuidados jardines urbanos.
El corazón del Casco Antiguo
El recorrido por la ciudad comienza en sus plazas y vías más icónicas:
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Plaza del Castillo: Conocida como el «salón de estar» de los pamploneses, rodeada de edificios señoriales, terrazas y cafés históricos como el Café Iruña, inmortalizado por Ernest Hemingway.
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Ruta del Encierro: Caminar desde los corralillos de Santo Domingo, pasando por la curva de Mercaderes y la famosa calle Estafeta hasta la Plaza de Toros, permite revivir el trazado universal de la fiesta.
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Plaza del Ayuntamiento: Su elegante fachada barroca del siglo XVIII es el escenario donde cada 6 de julio se lanza el legendario Chupinazo.
Patrimonio e historia medieval
En la zona alta del centro histórico destacan sus grandes monumentos defensivos y religiosos:
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Catedral de Santa María la Real: Un templo que combina una fachada neoclásica con un claustro gótico considerado entre los más bellos de Europa.
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Las Murallas y el Portal de Francia: Un conjunto defensivo renacentista impecablemente conservado que ofrece paseos con vistas panorámicas sobre el río Arga.
Un pulmón verde único: La Ciudadela
La Ciudadela de Pamplona es una impresionante fortificación militar con forma de estrella de cinco puntas construida entre los siglos XVI y XVII. Hoy en día se ha convertido en un gran parque público repleto de zonas ajardinadas, fosos y salas de exposiciones artísticas.
Junto a ella, el Parque de la Taconera, el jardín más antiguo de la ciudad, destaca por su estilo romántico y sus fosos con ciervos, pavorreales y patos en semilibertad.